Ghost in the Shell

Dicen que cada año de ordenador equivale a 10 años humanos, por lo tanto, Max, nuestro servidor de correo, es un abuelito de 70 años.
Hace unos días, Max dió señales de vejez: Un ventilador dejó de funcionar, y uno de los procesadores empezó a perder la chaveta de vez en cuando.
Para salir del apuro, dado lo crítico que resulta un servidor de correo, decidimos virtualizar a Max. Hicimos una imagen de todo su sistema, y lo metimos en otro servidor recien salido de fábrica.
Gracias a la virtualización, ahora Max vive dentro de una máquina nueva, muy potente y con mucha memoria, aprovechandose de sus relucientes ventiladores, procesadores y músculos informáticos. La carcasa de Max, el abuelito de 70 años, se ha apagado. Ahora descansa tras varios años de trabajo incansable.
Dandole vueltas al tema, eso me ha hecho pensar en la posibilidad de virtualizar nuestras mentes cuando nos convirtamos en abuelitos, e instalarlas en cuerpos nuevecitos, atléticos y sanos.
Es posible que cierto día exista la posibilidad de extraer toda la información del cerebro humano y copiarla. Cuando lleguemos a ese punto, entraremos en la verdadera era virtual, en la que habitaremos en cuerpos que nos harán de huésped y que podremos ir cambiando a media de nuestras necesidades.
Un ejemplo de referencia, en el mundo del animé, es la Mayor Kusanagi, heroina de la serie futurista ‘Ghost in the Shell‘. Ella es completamente artificial y su cuerpo ha de ser reemplazado cada diez años. Al igual que nuestro querido Max, Kusanagi vive en una carcasa (shell) que no es la suya, pero que le permite seguir siendo lo que es, de forma indefinida.

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